Un día como cualquier otro, iba caminando hacia la universidad y luego ocurrió un improvisto sorprendente que cambio mi vida.
Un grupo de compañeros de clases me comentaron que un búho se había caído de su nido, era muy pequeño e indefenso y todos fuimos a ver al maravilloso animal. Ninguno sabia que hacer, eramos unos locos frenéticos con un búho en estado critico, porque sus patas estaban paralizadas, ha de ser por la caída.
Estábamos buscándole un nombre, y recuerdo cuando el búho me miro con sus enormes ojos, mientras lo único que dije fue: Bú; el cual resultó ser el nombre perfecto.
Nuestro intento de ayudarlo fue difícil, buscamos su nido y no lo conseguimos, le dimos agua y una medicina para que su dolor se calmara, mientras yo contemplaba su mirada. Esa mirada que hablaba por si sola, gritaba auxilio, me decía que estaba asustado y que quería volver, yo solo respondía: ¿De donde saliste tú? ¿Cómo podemos ayudarte? le ofrecimos cobijas para mantenerlo tibio y caricias que le hacían entender que no le haríamos daño.
Él me prestó sus increíbles y enormes ojos, tenían una profundidad admirable; lo más parecido a la realidad era un abismo con una luz tenue al final, y alrededor de sus pupilas había pureza que parecían sumergidos en una nube oscura. Cuando parpadeaba se cubrían con una cortina blanca y delicada, como un pétalo de rosa, parecía que lo pensaba antes de hacerlo, tomándose su tiempo y eligiendo el momento de parpadear. Decidí tomar su propuesta, y entre a ese abismo.
Me caí tan profundo como le ocurrió a Alicia cuando entro al país de las maravillas. Es que aquello era maravilloso, era bueno ver las cosas como Bú.
Los arboles eran inmensos, como si fuesen edificios, las lombrices se me hacían tan deliciosas y jugosas, imaginaba que volaba, fue mágico ver la noche oscura, disfrutando el olor de la tierra y el frió de la madrugada. Pude ver lo feliz que se sentía Bú todos los días, lo increíble que puede sonar la música de la noche, al compás de los grillos, las ranas, las chicharras y una cantidad de animales... ¡Que gran orquesta!
Que horror fue para Bú despertar en la claridad y encontrarse tirado sin poder moverse en la grama. Se asustó cuando el extraño animal de dos brazos lo sujeto y empezó a revisarlo. Lo peor fue soportar a muchos más de esa misma especie, era una gran manada, muy grandes pero Bú intentaba alejarse sin tener resultados.
Nunca olvidaré cuando movió su cabeza a 270°, mostrándose amenazado y gritándonos que él no era como nosotros e intentando ser una amenaza. Hicimos lo que pudimos, tratamos de ayudarlo para que regresará a su hábitat, pero Bú no resistió.
Me hubiese gustado mostrarle lo bueno que podemos ser los humanos, lo maravilloso que era que luchara por ver la noche desde la copa de los arboles, yo quería decirle que todo saldría bien.
Se fue muy pronto y no pude darle las gracias, no le dije lo que significó para mi haberlo conocido, haber visto la criatura más hermosa y sobre todo asombrosa, no le agradecí que me haya prestado sus ojos, también por dejarme cargarlo mientras se quedaba dormido en mi regazo.
Hoy en día se me hace más fácil ver la vida cuando la veo a través de sus ojos, aquellos enormes ojos, mágicos, que me permitieron ver más allá del infinito.
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| "Por siempre en mi, Bú." |
Dedicado a aquellos que ven el cielo de otra manera, a los que se permiten ver a sí mismo a través de los ojos de cualquier animal, gracias.

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